sábado, 8 de marzo de 2008

La clase de lenguaje

Fecha: 10 de octubre de 2003
Tomamos nota de la excelente clase que sobre el tema de la puntuación diera nuestra querida maestra Bertha Malabrigo de Vértiz.
La puntuación correcta y su importancia para la claridad de pensamientos es obvia, ya que, sin puntuación, el significado de las oraciones y de las cláusulas sería obscuro y dudoso.
Para que se comprenda hasta qué grado es útil conocer el valor de los diferentes signos de expresión o de puntuación, citaremos a guisa de información una poesía, para darnos cuenta cabal de la importancia de este estudio.
Soledad, Julia e Irene, tres hermanas muy hermosas y jóvenes, de quince a veinte años, eran visitadas por un caballero festivo y de buen humor, el cual frecuentaba la casa, por la mañana y por la noche.
Las tres hermanas y el padre de esas muchachas, sospecharon que el caballero les hacía las frecuentes visitas, por tener inclinación hacia alguna de ellas.
Las tres hermanas se prendaron del caballero, y éste no llegaba a declararse a ninguna.
Tanto las señoritas como el padre de ellas, quisieron salir de la incertidumbre en que estaban, y exigieron al caballero que manifestara cuál de las tres era la afortunada.
El joven prometió hacerlo, y ofreció decirlo en una décima, que mandó sin ningún índice de puntuación, autorizando a cada una de las muchachas para que la puntuase a su modo.
He aquí la décima:
Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.
El padre no supo cuál era la preferida, y dio la carta a Soledad, que la puntuó de este modo:
Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.
Con lo cual dijo: “La preferida soy yo”. Julia la puntuó así:
Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.
Julia resultaba la preferida. Irene la puntuó para su interés:
Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.
Quedaron en la misma duda que antes tenían y suplicaron al caballero que fuera él quien puntuara la décima, a fin de evitar disputas.
El caballero la puntuó así:
Tres bellas que bellas son
me han exigido las tres
que diga de ellas cuál es
la que ama mi corazón
si obedecer es razón
digo que amo a Soledad
no a Julia cuya bondad
persona humana no tiene
no aspira mi amor a Irene
que no es poca su beldad.

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